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ALFON LIBERTAD

miércoles, 5 de abril de 2017

Argumentos de un progre a favor de la externalización de la gestación

Me dispongo a desbrozar someramente el artículo titulado Argumentos de un socialista a favor de la gestación subrogada publicado en el Hufftington Post. Más propaganda neoliberal que busca ampliar nicho de mercado a través de la explotación de la mujer mediante la regulación tanto de la gestación por subcontrata como de la prostitución.

En la obra Uso de razón, de Ricardo García Damborenea, que fuera secretario general del Partido Socialista de Euskadi, el autor define así la Falacia de afirmación gratuita: “Como su nombre indica, se comete cuando no se da razón de las propias afirmaciones”. Y explica: “Se emplea menos donde cabe el riesgo real de ser replicado con dureza, como ocurre en la vida parlamentaria, pero es muy frecuente donde no existe tal riesgo, como sucede en la prensa escrita, muy especialmente en los editoriales y en las columnas de opinión y, por encima de todo, en las tertulias radiofónicas. Caracteriza la propaganda y la publicidad, en cuyos mensajes importa más la sugestión que las razones”.

El articulista se define como socialista. El socialismo consiste, dicho sea en pocas palabras, en la socialización de los medios de producción. El número de socialistas del PSOE que tienen esas nociones sobre socialismo es inversamente proporcional al número de socialistas a las que les importa una mierda. 

Soy socialista y por lo tanto feminista. Soy de Burgos y por lo tanto buena persona. Cuando el articulista dice que es socialista se refiere a que es militante del PSOE, de lo que no se deduce necesariamente que tenga que ser feminista. Y ha quedado implícitamente aclarado más arriba que socialista, tampoco.

Cita a Virginia Woolf sin venir a cuento, afirma ser un defensor convencido de las libertades individuales, como si de alguna manera existiera un grupo de población que defendiera con idéntica convicción la falta de libertades individuales, comoquiera que sea a lo que se refiera el articulista.

Se erige en portavoz de los socialistas y dice que no están hechos para que les metan a la fuerza dogmas de ningún tipo. Pareciera que ellos son librepensadores y el resto de la población gilipollas con predisposición a ser captados por cualquier secta, según el señor del partido “OTAN de entrada NO”.

Lo que sigue es muy sencillo: el artículo se titula “Argumentos de un socialista a favor de la GS”. Pues bien, argumentos a favor, ni uno. Es decir, no aporta ningún argumento mínimamente sólido que pueda ser rebatido o no. En vez de eso, lo que hace es rebatir los argumentos en contra, pero no cualquier argumento, por supuesto, sino los que a él le vienen bien, que son los inventados: se hace preguntas a sí mismo con la misma complacencia que se entrevista a Rajoy en Antena 3 o en TVE.

Esta falacia es la del hombre de paja, que consiste “en deformar las tesis del contrincante para debilitar su posición y poder atacarla con ventaja”. Las deforma de tal manera que no sólo se inventa la mitad, sino que los llama dogmas.

En el primer punto de los “dogmas”, la gestación subrogada no es alquiler de vientres, que no se alquila nada, sino que se cede o se dona la capacidad de gestar. ¿Lo oís? Son las mujeres del mundo aclamando ¡LLA HERA ORA; JODER!, ávidas por alojar en sus entrañas la semilla de la felicidad de... ¿Cómo ha dicho usted que se llama?

Vamos, que Ricky Martin, Miguel Bosé y Cristiano Ronaldo han tenido hijos gracias a la magnanimidad de mujeres que han de permanecer en el anonimato porque lo tienen estipulado por contrato. 

Luego dice que como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no ha dejado desamparados a los niños nacidos mediante la subcontrata de la gestación entonces no es explotación. En este párrafo se observa la maravillosa capacidad de los progres de establecer relaciones causales sui generis, también llamadas “lo que les sale de los huevos”. Afirma que “ninguna mujer está obligada a gestar para otros”, con lo que nos quedamos más tranquilas. La pregunta es: ¿existe algún lugar en el planeta en que alguna mujer esté obligada a gestar para otros?

En este párrafo: “... espero que la gente que recomienda adoptar tengan ellos solamente hijos adoptados y no se les ocurra tener hijos biológicos, aunque puedan. Estarían incurriendo en un contrasentido, amén de en una discriminación manifiesta considerable” ya se confirma que el articulista se defiende atacando y que la lógica no es lo suyo. 

Es muy difícil hacer una crítica seria de un artículo que no hay por donde cogerlo, que no sino una soflama que pretende hacer pasar deseos por derechos y legitimarlos de manera absurda. 

De modo que iré directamente al final, en el que afirma que “nadie quiere la explotación para nadie”. Y un nuevo hombre de paja: “Insinuar que defender una regulación ética y garantista para todas las partes de la gestación subrogada es apostar por la explotación es, sencillamente, ser blablabla JUICIOS DE VALOR Y MÁS AFIRMACIONES GRATUITAS”. 

A ver, Mariano: me parece bien. Haced una ley ética que sea una garantía para todas las partes. Aunque “En España ya se puede tener un hijo por gestación subrogada voluntariamente sin necesidad de modificar la ley. Una mujer se puede quedar embarazada y dar a su hijo en adopción. La ley se quiere modificar para introducir los contratos mercantiles en esta práctica y convertir a las mujeres en vasijas”, dice Raúl Solís aquí.

Y no, no tienes derecho a ser padre, de modo que todo lo demás sobra.

J. D. Salinger
The catcher in the rye
J. D. Salinger



domingo, 26 de marzo de 2017

La mujer libre en su celda






 Virginia Woolf, la gestación subrogada y la prostitución


En Una habitación propia, Virginia Woolf habla de la relación entre la mujer y la literatura, más concretamente, la novela. Dice: “una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”.

Pero la dependencia económica no es el único impedimento para la mujer. Virginia Woolf nos expone el caso de una supuesta hermana de Shakespeare:

“Entretanto, su dotadísima hermana, supongamos, se quedó en casa.
Tenía el mismo espíritu de aventura, la misma imaginación, la misma ansia de
ver el mundo que él. Pero no la mandaron a la escuela. No tuvo oportunidad de
aprender la gramática ni la lógica, ya no digamos de leer a Horacio ni a Virgilio.
De vez en cuando cogía un libro, uno de su hermano quizás, y leía unas cuantas
páginas. Pero entonces entraban sus padres y le decían que se zurciera las
medias o vigilara el guisado y no perdiera el tiempo con libros y papeles. Sin
duda hablaban con firmeza, pero también con bondad, pues eran gente
acomodada que conocía las condiciones de vida de las mujeres y querían a su
hija; seguro que Judith era en realidad la niña de los ojos de su padre. Quizá
garabateaba unas cuantas páginas a escondidas en un altillo lleno de manzanas,
pero tenía buen cuidado de esconderlas o quemarlas. Pronto, sin embargo,
antes de que cumpliera veinte años, planeaban casarla con el hijo de un
comerciante en lanas del vecindario”.
Continúa con las dificultades para escribir con que se encuentran hombres y mujeres:

“...escribir una obra genial es casi una proeza de una prodigiosa dificultad. Todo está en contra de la probabilidad de que salga entera e intacta de la mente del escritor. Las circunstancias materiales suelen estar en contra. Los perros ladran; la gente interrumpe; hay que ganar dinero; la salud falla. La notoria indiferencia del mundo acentúa además estas dificultades y las hace más pesadas aún de soportar. El mundo no le pide a la gente que escriba poemas, novelas, ni libros de Historia; no los necesita.

(...) Pero, para la mujer, pensé mirando los estantes vacíos, estas dificultades eran infinitamente más terribles. Para empezar, tener una habitación propia, ya no digamos una habitación tranquila y a prueba de sonido, era algo impensable aun a principios del siglo diecinueve, a menos que los padres de la mujer fueran excepcionalmente ricos o muy nobles.

 (...) La mente entera debe yacer abierta de par en par si queremos captar la impresión de que el escritor está comunicando su experiencia con perfecta plenitud. Es necesario que haya libertad y es necesario que haya paz.

(...) hay que tener quinientas libras al año y una habitación con un pestillo en la puerta para poder escribir novelas o poemas.

(...)... puede que me reprochéis el haber insistido demasiado sobre la importancia de lo material. Aun concediendo al simbolismo un amplio margen y suponiendo que quinientas libras signifiquen el poder de contemplar y un pestillo en la puerta el poder de pensar por sí mismo, quizá me digáis que la mente debería elevarse por encima de estas cosas; y que los grandes poetas a menudo han sido pobres. Dejadme entonces citaros las palabras de vuestro propio profesor de Literatura, que sabe mejor que yo qué entra en la fabricación de un poeta. Sir Arthur Quiller-Couch escribe:

« (...) Lo cierto —por poco que nos honre como nación— es que, debido a alguna
falta de nuestro sistema social y económico, el poeta pobre no tiene hoy día, ni ha
tenido durante los pasados doscientos años, la menor oportunidad. Creedme —y
he pasado gran parte de diez años estudiando unas trescientas veinte escuelas
elementales—, hablamos mucho de democracia, pero de hecho en Inglaterra un
niño pobre no tiene muchas más esperanzas que un esclavo ateniense de lograr
esta libertad intelectual de la que nacen las grandes obras literarias».

(...) Exactamente. La libertad intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el principio de los tiempos. Las mujeres han gozado de menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres no han tenido, pues, la menor oportunidad de escribir poesía. Por eso he insistido tanto sobre el dinero y sobre el tener una habitación propia”.


Milton Friedman, premio Nobel de economía de 1976, principal representante de la llamada escuela de Chicago, cuyos postulados forman la base del neoliberalismo, afirmó: “Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas”. Para Friedman, el libre mercado es la única fuente de riqueza, pero esta sólo se puede producir cuando el mercado actúe con total libertad según las leyes de la oferta y la demanda en un proceso continuo de crecimiento económico.

Para el neoliberalismo, pues, la igualdad no existe. Y lo que garantiza menor desigualdad es un mercado libre ideal que se regula solo. ¡Y los utópicos son los comunistas y los anarquistas!

En esta polaridad entre igualdad y libertad se mueve también la discusión acerca de la gestación subrogada y la prostitución.

Vaya por delante que cuando se empieza a hablar de un tema en sociedad y de pronto aparece en todos los medios, donde se convierte en “candente” o de "rabiosa actualidad", es decir, se pone de moda, en definitiva, podemos contar con que ello no es el producto de un suceso espontáneo y desinteresado. Y si es interesado: ¿a quién puede interesar?

Gestación subrogada y prostitución tienen un denominador común: negocio.

En una sociedad capitalista, todo es jerárquico: el dinero es poder y las ideas se imponen de arriba hacia abajo. Se inculcan en las escuelas, se propagan en los medios por plumillas a sueldo, son defendidas por políticos lacayos y, finalmente, acaban convertidas en leyes. Se está buscando regular la gestación subrogada y la prostitución sencillamente para ganar más dinero.

En la base de la piràmide, los pobres, y las más pobres:“las mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el principio de los tiempos”.

Si los pobres no tienen voz y apenas voto, las mujeres han sido silenciadas durante siglos.

Apelar a la libertad de las mujeres tanto para parir mascotas humanas para egoístas con dinero que desean ser padres biológicos o, por qué no, también para madres solteras, como para garantizar el sagrado derecho al sexo del macho, es, en verdad, una magistral estrategia para naturalizar no ya la desigualdad que, como se ha dicho más arriba, es inevitable, sino la explotación del cuerpo de la mujer: con la regulación de los vientres de alquiler y de la prostitución, los privilegios del hombre se convierten en derechos, tanto a la paternidad como a tener sexo pagando.

Paradójicamente, hacer pasar por derechos lo que no son sino privilegios es una característica de la sociedad más reaccionaria que en España está representada por la Iglesia Católica. "Son nuestros hijos", se llama un grupo de promoción de la Gestación Subrogada. Yo les diría que no son suyos, sino de la pobreza y de la desigualdad. Lo fascinante es que lo saben, pero les da igual.

Como dice Raúl Solís en  Los vientres de alquiler: la cara más brutal del ‘gaypitalismo’: "En España ya se puede tener un hijo por gestación subrogada voluntariamente sin necesidad de modificar la ley. Una mujer se puede quedar embarazada y dar a su hijo en adopción. La ley se quiere modificar para introducir los contratos mercantiles en esta práctica y convertir a las mujeres en vasijas".

Este fragmento de un diálogo interno de Pedro, protagonista de Tiempo de silencio, mientras está preso en una celda de castigo, me parece apropiado para ilustrar el concepto de libertad:

Así, desde la libertad de su celda, la mujer puede elegir entre las opciones que le proporciona, cómo no, el hombre.

A esta lucha histórica del hombre por la libertad de la mujer se suma cierto grupo de feministas muy preocupadas ante la posibilidad de que la mujer sea privada de su derecho a prostituirse, que tantos sacrificios ha costado conseguir, pero del que se sabe poco porque las putas muertas no hablan.