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ALFON LIBERTAD

miércoles, 17 de junio de 2015

Desenterrar las cunetas y enterrar a los fascistas: por un Frente Popular de Izquierdas

Dice Bertrand Russell en Por qué no soy cristiano que "La mutilación gradual de la doctrina cristiana ha sido realizada a pesar de su tremenda resistencia, y sólo como resultado de los ataques de los librepensadores".

Obviamente, en esa época, 1930, por librepensador no se entiende el personaje de barra de bar que, blandiendo amenazante un palillo que se saca de la boca, regurgita la información procesada que le llega de la televisión, a la sazón, La sexta​, Antena 3, TVE1... qué más da: cualquiera.

Procesar dicha información equivale a procesar alimentos refinados y azucarados. Esto es, las calorías vacías van a parar al tejido adiposo tras una breve escala en el estómago. Ver la televisión, en esta sociedad de consumo, es un ejercicio fundamentalmente pasivo que requiere poca actividad neuronal. De hecho, la razón de que Teletienda siga funcionando es que siempre puede atrapar a un zombi incauto a las 4 de la mañana que compre un cacharro para limpiar y desinfectar todo el piso sólo con agua por sólo 99€ más gastos de envío: ¡normal, te regalan un juego completo de accesorios para poder limpiar también los cristales y la caseta del gato!

Bertrand Russell, autor prolífico conocido por Principia mathematica (1913, coautoría con Alfred North Whitehead), La conquista de la felicidad (1930), Historia de la filosofía occidental (1945), aparte de la mencionada arriba, premio Nobel de Literatura en 1950 era un librepensador perseguido por su ateísmo y expulsado en 1940 de la Universidad de New York.

Esa tremenda resistencia del cristianismo a la que hace referencia Russell en su obra podemos trasladarla al siglo XXI en España, con unos partidos de regimen y statu quo, que no sólo son PP y PSOE, sino también CiU, PNV, UPN y todo partido que alabe la Constitución de 1978 como el Súmum de la Democracia más allá del cual la Península Ibérica no sólo no puede, sino que no debe aspirar a nada.

Para derrotar esa resistencia acérrima al poder, para ahorcar metafóricamente al señorito (léase/véase Los santos inocentes) es necesaria toda la fuerza de la izquierda.

La España rancia y casposa, de vírgenes, santos y toros, de terratenientes y caciques ladrones. La España que Franco dejó atada y bien atada y Felipe González remató poniendo un lazo a ese nudo que nos estrangula... 

Ya va siendo hora de enterrar a Franco.






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