Páginas vistas en total

ALFON LIBERTAD

domingo, 12 de octubre de 2014

La crisis del pavo


Hace no tanto tiempo que se vendían por Navidad pavos vivos que uno mataba en casa. En algunos pueblos  se alimentaba expresamente a uno de estos animales para la nochebuena. Imaginad la escena, en una granja, en la que al pavo se le da de comer productos en buen estado, como cereales, pan duro, pero no con moho, vegetales un poco pasados, pero no podridos, mientras el resto de los animales son alimentados con lo que ya no se puede aprovechar ni para el pavo.

El pavo, henchido de orgullo y satisfacción, se cree mejor que los demás. En su visión del mundo, cree que ha trabajado más y mejor y por eso merece una atención principal. El resto de animales está indignado: las gallinas se quejan de que ellas ponen los mejores huevos a cambio de vegetales pochos y los cerdos dicen que ellos no huelen los cereales ni de espaldas. Ocas, vacas, cabras y demás animales se quejan de lo mismo.

El pavo, altanero, defiende a capa y espada la política del que le da de comer: es una política eficiente, meritocrática, que alimenta mejor al más preparado y no malgasta recursos en los menos preparados, aunque sin descuidarlos, ya que siguen siendo alimentados correctamente acorde a su valía. A pesar de que la plusvalía del resto de los animales es muy superior a la del pavo, éste considera que el mero hecho de pertenecer a la granja ya da caché a la misma, lo cual redunda en beneficio de todos. El pavo consideraba muy injusto que sus compañeros, aunque fueran de clase muy inferior a él, no le reconocieran ese mérito y esa generosidad, pero les perdonaba con su característica magnanimidad, que no era más que ridícula condescendencia. 

Lo llamaron el día 25 de diciembre. Estaba seguro de que lo iban a ascender, que le darían algún puesto en el consejo de administración de la granja.

La noticia de la decapitación del engreído pavo llegó en seguida a la granja y se extendió más rápidamente que la pólvora: ¿cómo era posible?¡El animal más famoso y mejor tratado de la granja, el imbécil ése que se creía mejor que nadie, había sido sacrificado para la cena de Nochebuena! Nadie lo vio venir, salvo un chivo loco que se alimenta de ramas tan viejas y secas como él, que si no había sido sacrificado era porque nadie daría un duro por su carne y porque, como las vacas en la India, tampoco daba problemas: sencillamente, pasaba desapercibido y, cuando aparecían humanos por la granja, se escabullía.

Lenin, que así se llamaba el chivo, preguntó a todos si no les parecía sospechoso que el pavo, un ser absurdo henchido de sí mismo sin oficio ni beneficio, hubiera sido alimentado por encima de su valor, a lo que contestaron que sí. 

—Entonces -prosiguió Lenin- la crisis del pavo era una crisis para el pavo y para vosotros, pero no para el que le daba de comer, que sabía que llegaría este día.

A las gallinas les costaba captar el concepto: odiaban al pavo y ese odio, junto a su cerebro, del tamaño de un garbanzo, les impedía discernir con claridad. Discutieron entre ellas durante unos instantes, organizando un pequeño guirigay.

—¿Vamos a morir todos? —preguntaron las gallinas.
—¿Habéis comido por encima de vuestra plusvalía?— respondió Lenin, con una pregunta.
—No sabemos lo que es una plusvalía, Lenin, no toques los huevos —contestó la gallina más vieja, que era delegada sindical del comité de empresa de Huevos Obreros.
—Quiero decir que han estado hinchando al pavo para comérselo, pero os necesitan a los demás para seguir manteniendo la granja. Y que si vosotros no sabíais nada, al igual que el pavo, y yo sospechaba algo, está claro que los que alimentaron al pavo por encima de sus posibilidades sabían perfectamente lo que estaban haciendo. 
—Entonces, ¿la crisis del pavo sólo es crisis en tanto en cuanto no la ves venir? Es decir, es como si un francotirador abate a alguien de un tiro: es una sorpresa para la víctima, pero el francotirador ha estado apuntando concienzudamente: ¿es eso? —preguntó de repente el cerdo, que parecía no haber estado prestando atención.
—Efectivamente —sentenció Lenin. Nuestra crisis es su pavo de Nochebuena.