Páginas vistas en total

ALFON LIBERTAD

lunes, 4 de agosto de 2014

Papá, ¿qué es un pilón?

Estaba con  mi hijo ficticio preadolescente de, pongamos, doce años, viendo la tele a lo tonto, cualquier cosa, al tuntún, mientras cenábamos también un poco de ensalada y restos de comidas anteriores, para rebañar, cuando el narrador del programa que estábamos viendo, a la sazón también hecho con restos, sobre la música española de los 80, Del guateque a la discoteque, dijo algo de tirar a alguien al pilón. "¡Vaya! —me dije a mí mismo—¡qué nivelazo!". Al cabo de un minuto, mi hijo ficticio, que se parece mucho a su padre cuando tenía su edad, pregunta:

—Papá, ¿qué es un pilón?
—Una pila grande, pero no una pila de batería... Es como un abrevadero: mira en el diccionario.

Al cabo de un minuto... 

—¿Es esto, papá?


—Exactamente.
—Ah.

Silencio.

—¿Y por qué iban a tirar ahí sin contemplaciones al cantante de antes?
—Cosas que se hacían antes en los pueblos.
—Ah.

Al cabo de un rato:

—¿En qué pueblos?
—¡Yo qué sé hijo: en los pueblos pequeños! En el nuestro no hay pilones como ese.
—¿O sea que aquí no hemos tirado a nadie al pilón?
—No, porque no tenemos pilón —le digo, como si el hecho de no tener pilón convirtiera a nuestro pueblo en un inocente lugar en el que no se cometen vejaciones análogas o aun peores.
—Ah.

El programa continuaba con cortes de canciones y sus consiguientes comentarios pretendidamente graciosos.

—Pero aunque aquí no haya pilón, no entiendo lo que ha dicho el señor del programa: “Este muchacho en muchos pueblos habría sido arrojado al pilón sin contemplaciones. Boy George, un antecedente musical de la señora Doubtfire“.
—¡Joder, hijo imaginario, qué memoria tienes!
—Es que tengo doce años recién cumplidos, papá: lo absorbo todo.
—Pues que ese chico en esa época llevaba unas pintas raras. Y por eso.
—¿Y por eso qué?
—¡Qué coñazo, hijo!
—¡Lenguaje machista, no: que soy imaginario, pero feminista!
—Es para dar un pretexto formal al que quiera rebatir el fondo del asunto.
—¡Ah, bueno!, si es así haces bien en poner un poquito de roña en la uña del dedo.
—Pues que el Boy George ese era muy moderno para los pueblos con pilón y daba mucha envidia... ¡Vamos, que con esas pintas lo hubieran arrojado al pilón del pueblo sin contemplaciones!
—Ah.

Terminamos de cenar. 

—Pero en el minuto cuatro o por ahí ha dicho que los 80 hicieron mucho daño, sobre todo a la vista y que era el precio de ser moderno.
—¿Y?
—¿No se referían a las pintas?
—No sé: supongo que sí. No me he fijado.
—Yo sí. ¿O sea que a Boy George lo tiran al pilón por las pintas de moderno y a la chica de Betty Troupe o a los Video, que dañaron tanto la vista en los 80 no les pasa nada?

Flora Illueca
—¡Hostia, hijo, para ser ficticio eres muy cansino: es una licencia del guionista! —le respondo, como si yo tuviera alguna idea de cuál es la intención del guionista o de escribir guiones—. ¿No ves que van comentando las canciones haciendo bromas?
—No sé, papá, no pillo las bromas. Además, pensé que era un programa musical, no de gags.
—Porque eres muy joven: ya lo entenderás cuando seas mayor. Pero el narrador es un tío muy graciosete.
—¿Por cierto, quién es la señora Doubtfire?
—Es un personaje de una película: míralo por ahí y dejame un poquito tranquilo.

Casi inmediatamente:

—Entonces, ¿en los pueblos arrojan a los pilones por las pintas a unos sí y a otros no?
—Eh... sssí... másss o menosss—balbuceo arrastrando las eses en plan monguer como Rajoy.
—¡Papá, has dicho monguer!
—No, hijo, sólo lo he pensado, pero no te lo puedo explicar porque me cargo el diálogo.
—Ok, papá, tú mandas, que eres el guionista de esta chorrada, pero acabo de mirar en internet y resulta que la señora Doubtfire es un personaje interpretado por Robin Williams que se viste de mujer: ¿qué tiene que ver con Boy George? Mira:


—Voy a mear.

Recogí los platos y dejé al hijo ficticio meditabundo en el sofá mirando hacia el televisor con el ceño fruncido: ¡cómo se parece a mí cuando tenía su edad!

Al volver del lavabo:

—¿Papá, y la broma de arrojar a alguien a un pilón tiene gracia?
—A mí no me ha pasado nunca, pero creo que no tiene ni puta gracia. De todas maneras, es un chiste, un comentario banal, un pour parler: ¿o tú ves que estén arrojando a nadie al pilón en ese programa?
—No, pero si es un comentario gracioso al que no le veo la gracia y encima la causa no me queda clara... 
—¡¡¡Que ese muchacho en muchos pueblos habría sido arrojado al pilón sin contemplaciones por maricón, cojones ya!!!
—Ah.

El programa se acaba.

—Papá.
—¡¿Qué?!
—¿Qué es un maricón?


Y así es como se combate la homofobia desde la televisión pública, queridos y queridas niños y niñas y lectores imaginarios: con chascarrillos a base de sal gorda de las minas inagotables de la heteronormatividad. 

Lamentablemente, para el inefable amiguete narrador, las vejaciones hacia los débiles se combaten poniendo una sonrisa mientras te humillan y cuando crezcas ya tendrás ocasión de sumarte al grupo de los humilladores para poder resarcirte.




2 comentarios:

  1. Muy bueno :)

    Al niño se le podría decir que sólo algunas personas hubieran tirado a George al pilón: la misma clase de personas que en el cole hubieran pegado al "gafitas", insultado "al inteligente" o marginado "al niño diferente por cualquier razón". Personas que agreden de uno u otro modo a otras personas. Y que no todas habrían hecho eso en un pasado... Claro que lo mejor habría sido que un guión emitido en la TV pública no tratara de buscar la "risa cómplice" del público ante lo que es un comentario que, precisamente por buscar la gracia, trata de normalizar algo tan grave como la agresión "al diferente" (me da igual que sea "por sus pintas" como trataron de justificarse guionista y narrador que por su condición sexual o su expresión visual de la misma)

    En cuanto a lo último que pones, más que las vejaciones hacia "los débiles" yo diría hacia los que "se salen de la norma" (no son necesariamente débiles aunque sean víctimas de actitudes violentas de otros) o a los que tienen algo de diferente que a opinión de un grupo de personas es inadecuado o merecedor de burlas, agresiones, etc.: ya sea en cuanto a "pintas", en cuanto a opción sexual, en no ir a la moda del momento, en ser más o menos inteligente de lo que a ellos les parece adecuado (el tonto de clase, el listo de clase), el gordito, el tímido...
    Que a algún colectivo se le pueda decir "habría sido tirado al pilón sin contemplaciones" y justificar, como hicieron el guionista y el narrador, que eso era sencillamente una gracia y que al que le pareciera ofensivo estaba enfermo o no tenía sentido del humor, es agresión. Porque el que hace "gracias" o se ríe con las alusiones a agresiones a otros no está haciendo humor sino que está apoyando las conductas agresivas y vejatorias hacia determinadas personas.
    De hecho la risa cómplice del que no te tira al pilón pero se parte la caja con la "gracieta" es también dañina y perpetúa que se haga la vista gorda o se mire para otro lado cuando a determinados colectivos se les agrede...

    Pero habrá quien se quede mirando el dedo y sigan en su cerrazón de buscar en los que vemos erróneo el comentario falta de humor, etc. Bueno... Pues que disfruten de la roña ;)

    ResponderEliminar
  2. Muy buenos tanto el artículo, como el comentario de la Luci. Los que "se salen de la norma" (no son necesariamente débiles aunque sean víctimas de actitudes violentas de otros). Completamente de acuerdo. El ultimo párrafo es demoledor...
    El inefable amiguete narrador podría perfectamente decirte que quién no sepa aceptar una broma que se vaya del pueblo. Una cosa que se decía mucho también allá por los 80'.
    Esto último es ironia

    ResponderEliminar