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ALFON LIBERTAD

sábado, 26 de julio de 2014

Trolear en twitter

En esta entrada de hace casi 5 años, ¡cómo pasa el tiempo!, hablaba de la estrategia del no-debate aprovechando, no sé si con mucho acierto, un ejemplo de la novela que estaba leyendo entonces, La elegancia del erizo, de Muriel Barbery (cuya adaptación cinematográfica es una puta mierda).

Creo que todavía no existía twitter y en la entrada de wikipedia de trol  no se menciona tampoco. Trolear en twitter tiene la particularidad de que los 140 caracteres de por sí dificultan un debate sencillo e imposibilitan cualquier debate mínimamente complejo.

Un modelo de troleo en twitter podría consistir en lo siguiente:

  • El trol parte de la base de que tiene razón y la/s persona/s troleada/s no tiene/n ni puta idea.
  • Pregunta y responde sólo para confirmar el punto anterior.
  • Generalmente ni siquiera aporta argumentos o datos: se refugia en lugares comunes como si hubiera descubierto la secuencia del ADN o la penicilina.
  • Atiende selectivamente la información que le conviene y sin regla fija. La regla le beneficia y la excepción también. Lógicamente, la misma regla que le beneficia la aplica siguiendo a rajatabla la ley del embudo.
  • Ignora sistemáticamente las respuestas que podrían desmontar sus argumentos. Si ello se produce de manera flagrante, esto es, con un simple gráfico o titular de una noticia, no sólo menosprecia esos datos sino que insiste en los suyos, que aporta como pruebas de su superioridad dialéctica.
  • En todo momento mantiene un tono arrogante y de superioridad que no le impedirá señalar el tono arrogante y de superior de los demás.
No se trata de discrepar o discutir, lo cual es sano, sino ridiculizar las opiniones contrarias mientras mantiene un total desprecio por las mismas, que no son atendidas, por lo que el trol  no ridiculiza la opinión contraria en sí misma, sino la visión que tiene de ella o la interpretación que está haciendo en ese momento de lo que se está diciendo, que suele estar sesgada por prejuicios. Ello implica que incurra en falacias de todo tipo, además de la necesidad de etiquetar al interlocutor, al que, en algún momento, se dirigirá en segunda persona del plural, como perteneciente a un grupo concreto y homogéneo.

De esta manera, el trol ya no se dirige a una persona que intenta aportar argumentos, sino a un miembro de un grupo que el trol considera digno de todo desprecio y ridiculización: es una variante de la falacia del hombre de paja, también utilizada. Consistiría no sólo en replicar algo que no se ha dicho sino también replicar a todo un grupo que no está en el debate, como si el interpelado fuera su portavoz.

Otro error deliberado que comete el trol es el sesgo de confirmación, según el cual cualquier chorrada confirma su hipótesis, con la particularidad de que las chorradas ajenas no demuestran nada. Por ejemplo, la foto de una estantería vacía demuestra el desabastecimiento de Venezuela o que Bertín Osborne esté casado con una mujer venezolana que lleva media vida en España y la otra media viajando le otorgan conocimientos especiales por encima de los sociológicos, históricos y políticos de los que no están casados con venezolanas:




La diferencia entre trols y fundamentalistas tales como antiabortistas, mujeres machistas, integristas católicos o creyentes en magufadas en general estriba en que estos últimos suelen utilizar información sesgada o directamente falsa, pero creen en ella: defienden sus creencias, mientras que el trol ataca las ajenas, reales o inventadas. En el primer caso el debate es imposible, debido al dogmatismo, mientras en el segundo caso es imposible debido a que no hay ningún interés en debatir.

Un versión sutil de trolismo consiste precisamente en la falta de interés en debatir: el trol no ataca las creencias y/o argumentos reales o inventados del interlocutor, sino que se divierte alardeando. Podría poner muchos ejemplos, pero en eso los de UPyD son especialistas: echad un vistazo a la cuenta de @quintapaz y... en fin.