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ALFON LIBERTAD

jueves, 18 de julio de 2013

La independencia de Catalunya y Euskadi: una solución paradójica

«Hay ciertas soluciones que todavía no tienen un nombre apropiado y que quizás podrían llamarse soluciones clarifinantes. Esta palabra no es ninguna errata de imprenta, sino el intento de reunir dos conceptos en un solo término: todo el mundo sabe lo que es una solución clara. En cambio, sólo nosotros, los europeos más viejos, sabemos aún lo que se quería decir con el término horripilante de solución final.* Así pues, una solución clarifinante sería una combinación de los dos conceptos, esto es, una solución que no sólo elimina el problema, sino también todo lo que está relacionado con él; algo así como lo que se dice en el chiste conocido: la operación ha sido un éxito, el paciente ha muerto
*Solución final (Endlösung). Eufemismo usado en Alemania por los nazis 
para significar su programa de exterminio de los judíos. [N. del T.]

WATZLAWICK, Paul

Lo malo de lo bueno

o las soluciones de Hécate


Así empieza el prólogo de Lo malo de lo bueno, al que le siguió el conocido El arte de amargarse la vida. Watzlawick nos habla en sus obras de soluciones paradójicas, como la del policía que, pistola en mato, evita el suicidio de una persona que se ha arrojado al río, produciendo un cortocircuito mental al gritarle: "Salga del agua o le disparo".

El problema de los 35 camellos, que me lo contaron cuando era un niño y apenas pude entenderlo, tiene que ver con esta solución menos evidente y menos lógica, si entendemos por lógica la solución, a menudo clarifinante, de "más de lo mismo", concepto abundante en la obra de Watzlawick: ¿el doble de dosis de una medicina es el doble de eficaz? Nos habla de ellos en las obras mencionadas. Obviamente, no.

Tres hermanos reciben en herencia 35 camellos: "Según la expresa voluntad de nuestro padre, debo yo recibir la mitad, mi hermano Hamed Namir una tercera parte, y Harim, el más joven, una novena parte. No sabemos sin embargo, como dividir de esa manera 35 camellos, y a cada división que uno propone protestan los otros dos, pues la mitad de 35 es 17 y medio. ¿Cómo hallar la tercera parte y la novena parte de 35, si tampoco son exactas las divisiones?".

La solución lógica, la solución como Dios manda, pasa por descuartizar algún camello. Esto lo haría el PP, con el beneplácito del PSOE, UPyD y algún que otro camello, porque no queda más remedio, porque no se puede gastar más de lo que se tiene, porque es lo mejor para España, porque tenemos unos huevos que si los tuviera el caballo de Espartero este tendría que comprarse una moto...

Sin embargo, existe una solución menos evidente, menos clarifinante, menos final, como habrás podido comprobar si has pinchado en el enlace de la fábula. ¡Ah, que no has pinchado! Te espero...

¿Ya?

Sigamos. 

Tampoco quiero extenderme mucho porque a mí los artículos online largos me dan una pereza que te cagas.

El regimen del 78 fabrica una Constitución en la que España se convierte en un Reino bajo una Monarquía Constitucional, pero los mismos apellidos del franquismo siguen estando en las instituciones. Una Constitución para gobernarlos a todos a todos y joderlos hasta que se mueran, tendría que haber firmado algún comunista, pero no había muchos entonces. 

Un PSOE pseudosocialdemócrata inicia el desmantelamiento de la cosa pública porque el estado necesita  dinero. En el 96 llega Aznar I el Iluminado y el aznarato de 2000 nos deja a todos el Ohio like a duck's drinker.

En esta pseudodemocracia en la que los dos partidos mayoritarios, el de centro y el de derechas, se ponen de acuerdo para modificar la Constitución con premeditación y alevosía para garantizar el pago de la deuda a la Troika, pero que se pasan por el forro 1.400.000 y pico de firmas para la PAH y que no se hace un referéndum para consultar al pueblo absolutamente nada, la solución paradójica para conseguir una segunda transición, para conseguir una España democrática que deje atrás el franquismo no es seguir insistiendo con más de lo mismo, sino añadir un camello al problema. 

Este camello se llama INDEPENDENCIA de Catalunya y Euskadi.

Si quieres, llámalo "enviar un hobbit vasco/catalán a Mordor a destruir esa Constitución del 78 con que quieren jodernos a todos".

Espero haber conseguido un cortocircuito en tu mente, como el del policía austríaco de la paradoja de Watz.

8 de mayo de 2014. Epílogo. 

Si bien desde un punto de vista sistémico y lógico, lo expuesto tiene más o menos sentido, lo cierto es que ulteriores conocimientos acerca de los modelos de estado y la profundización en el alcance del poder del capital me llevan a renunciar a la independencia como herramienta para cambiar nada. Sustituir una España monárquica, clasista y religiosa por una Catalunya que se llamará a sí misma republicana pero será igualmente clasista y religiosa y burguesa es un cambio de tipo 1 en términos sistémicos. Es decir, es mover los muebles de sitio sin tirar ninguna pared. Porque el cáncer del capitalismo hace mestástasis: no conoce fronteras.