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ALFON LIBERTAD

jueves, 22 de noviembre de 2012

¿De qué modo la desigualdad de la renta y el sentirse pobre se traduce en una mala salud?




Si queremos mejorar la salud y la calidad de vida, y disminuir el estrés, del individuo medio de una sociedad, lo hacemos gastando dinero en bienes públicos: mejor transporte público, calles más seguras, agua más limpia, mejores escuelas públicas, asistencia médica universal. Cuanto mayor es la desigualdad de la renta en una sociedad, mayor es la distancia económica entre los ricos y la población media. Y cuanto mayor sea la distancia entre los ricos y el ciudadano medio, menos se beneficiarán los ricos del gasto en servicios públicos. En su lugar sacarán mucho más provecho gastando el mismo dinero (impuestos) en sus bienes privados: un mejor chófer, una urbanización con guardias de seguridad, agua embotellada, escuelas privadas, seguros médicos privados. Como dice Evans: «Cuanto más desiguales son los ingresos en una sociedad, más pronunciadas serán las desventajas del gasto público para los miembros más ricos, y más recursos tendrán esos miembros [a su disposición] para desarrollar una oposición política eficaz». El señala cómo esta «secesión de los ricos» presiona hacia «la opulencia privada y la miseria pública». Y más miseria pública significa más agentes estresantes diarios y carga alostática que deterioran la salud de todos. Para los ricos, esto es debido a los costes de separarse con un muro del resto de la sociedad, y para el resto de la sociedad, esto es porque tienen que vivir en ella.

De modo que ésta es una vía por la cual una sociedad desigual contribuye a crear una realidad más estresante, y que desde luego también genera más estrés psicológico —si la asimetría en la sociedad influye en los cada vez más ricos para que quieran evitar los gastos públicos que mejorarían la calidad de vida del ciudadano común..., bueno, eso podría tener algún efecto negativo sobre la confianza, la hostilidad, la delincuencia, etc.

Así pues, tenemos la desigualdad de la renta, una cohesión social y un capital social bajos, tensiones de clase y abundancia de delitos formando un todo insano. Veamos un triste ejemplo de cómo se juntan estas piezas. A finales de la década de 1980, la esperanza de vida en los países del bloque soviético era menor que en los países de Europa occidental. Según el análisis de Evans, en estas sociedades había una considerable equidad en la distribución de la renta, pero una distribución muy desigual de la libertad de movimientos, de expresión, de práctica religiosa, etc. ¿Y qué ha sucedido con Rusia desde la disolución de la Unión Soviética? Un masivo aumento de la desigualdad de la renta y la delincuencia, un descenso de la salud en términos absolutos —y una caída generalizada de la esperanza de vida que no tiene precedentes en una sociedad industrializada.

Otro terrible ejemplo de cómo funciona esto. Estados Unidos: riqueza, enorme desigualdad de la renta, alto nivel de delincuencia. la nación más fuertemente armada de toda la Tierra. Y niveles de capital marcadamente bajos —es casi un derecho constitucional de todo norteamericano ser móvil y anónimo. Mostrar tu independencia. Moverse por todo el país en busca de una oportunidad de trabajo—. (¿Que vive lado de la calle donde viven sus padres? ¿No está ya mayorcito para eso?) Adquirir un nuevo acento, una nueva cultura, un nuevo nombre, que no figure en la guía nuestro número de teléfono, rehacer nuestra vida. Todo lo cual es la antítesis del desarrollo del capital social. Esto ayuda a explicar algo sutil sobre la desigual relación entre salud y renta. Comparemos Estados Unidos y Canadá. Como dijimos, el primero tiene más desigualdad de la renta y peores niveles de salud. Pero aunque restrinjamos nuestro análisis a un subconjunto de sistemas americanos atípicos, elegidos para equipararlos a la baja desigualdad de Canadá, aun así esas ciudades de Estados Unidos tienen peor salud y un gradiente de NSE*/salud más pronunciada. Algunos análisis detallados demuestran qué significa esto: no es sólo que la sociedad norteamericana posee una renta enormemente desigual. Es que incluso con el mismo grado de empeoramiento de la desigualdad de la renta, el capital social es aún más bajo en Estados Unidos.

El credo del ciudadano americano es que está dispuesto a tolerar una sociedad con niveles de capital social miserablemente bajos, y una masiva desigualdad distributiva..., con la esperanza de sentarse algún día en la cúspide de esta empinada pirámide. A lo largo del último cuarto de siglo, la pobreza y la desigualdad de la renta han crecido de forma sostenida, y todas las medidas del capital social relativas a la confianza, la participación en la comunidad, y la participación de los votantes han decaído[108]. ¿Y qué ocurre con la salud del país? Existe una disparidad entre la riqueza de nuestra nación y la salud de nuestros ciudadanos que tampoco tiene precedentes. Y está empeorando.

Éste es un tema bastante deprimente, dadas sus implicaciones. Cuando la seguridad social universal se convirtió por primera vez en tema de portada de los periódicos (como la cuestión de si el peinado de Hillary Clinton contribuía o no a su defensa), Adler escribió que dicha cobertura universal «tendría un impacto menor sobre las desigualdades relacionadas con el NSE en la salud». Su conclusión es cualquier cosa menos reaccionaria. Afirma que si queremos cambiar el gradiente del NSE, va a hacer falta algo de mucha más envergadura que improvisar un seguro para que todos puedan hacerle una visita al médico de un simpático pueblo sacado de una ilustración de Norman Rockwell. La pobreza y la mala salud de los pobres tienen que ver con mucho más que el mero hecho de no tener suficiente dinero[109]. Tiene que ver con los agentes estresantes causados por una sociedad que tolera dejar a tantos de sus miembros indos a su suerte.


* NSE: Nivel SocioEconómico


Robert M. Sapolsky
¿Por qué las cebras no tienen úlcera?
Alianza editorial, 3ª edición, 2008

Capítulo 17: La vista desde el fondo
·                 ¿De qué modo la desigualdad de la renta y el sentirse pobre se traduce en una mala salud? Pgs. 435, 436, 437



[108] El politólogo Robert Putnam, de Harvard, acuñó una famosa metáfora para esta anomia americana cada vez más extendida: «jugar solo a los bolos». En las últimas décadas, ha aumentado el número de norteamericanos que practican ese juego, pero cada vez son menos participan de ese fenómeno social típicamente americano: las ligas de bolos.

[109] Robert Evans señala «Muchos estudiantes universitarios han vivido la experiencia de tener muy poco dinero, pero no de pobreza. Son cosas muy diferentes».