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ALFON LIBERTAD

miércoles, 20 de mayo de 2009

Peste canina

Después de la gripe aviar y de la mutación humana del virus de la peste porcina, he puesto unos cirios negros a San Antonio de Gromenawer (comoquiera que se llame el santo de los animales) para que una mutación del susodicho virus afecte a los perros: ¿no tienen acaso los pobres virus derecho a mejorar sus condiciones de vida (o de lo que sea que hagan con su ARN)?

En las incineraciones, lo quieras o no, un poco del muerto anterior te llevas. De la misma manera, cuando los perritos sacan a pasear a sus amos y se ponen a hacer caquita en la acerita, un poco de ello queda, olle (Oh, yeah!). Y lo que sin duda sí queda es todo el meadito. ¡Umm, ese rico olor a orín de perro en estas cálidas tardes de primavera sólo puede ser superado por el delicioso aroma de las meadas de los borrachos en las madrugadas etílicas de la Costa Brava!¿No podrían, perros y homínidos ebrios, mearse mutuamente!¿Y morderse?¡Ya lo tengo: perros con el virus de la peste canina muerden a ingleses con virus de la peste porcina mutante, los cuales, a su vez, se mean sobre el cánido jugándose en la contienda la integridad física de los órganos genitales (lo cual tampoco es que sea gran cosa)!

¡Y es que parece que si uno no tiene uno un puto perro (fucking dog) no es buena persona o no puede ser feliz o yo qué coño sé!

"El amo es un Dios para el perro, por eso hay personas que aman más a los perros que a las personas". Aldous Huxley

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